No sé si lo que escribo es una crítica o una recomendación. En todo caso es un acto de equidad hacia uno de esos tantos libros que han sido escritos de la forma que yo creo que debe ser escrita la literatura.Olvidémonos de las tramas intelectuales, olvidémonos de las dudas existenciales, de las epopeyas, de las palabras rebuscadas y del afán por publicar “La historia”. Tómese en cuenta que “El Quijote”*, siendo la obra más universal de la literatura Hispanoamericana, fue escrita como una sátira sencilla, trivial, entretenida y, en ese entonces, con un castellano simple y fácil de entender.
En esencia esto es “Demasiado para Gálvez”: Una parodia de la novela detectivesca (quizá el equivalente a la novela de caballería en la época del “El Quijote”), simple, amena y coloquial.
La fórmula no tiene mayor secreto: un conjunto de situaciones, a menudo cómicas, que se arman alrededor de un sujeto pasivo. Me refiero al periodista Julio Gálvez Pérez, un hombre tan ordinario como sus nombres y apellidos.
No obstante, Gálvez es un personaje flexible. No desentona en momentos de acción, suspenso, o comicidad. Gran mérito de Martínez Reverte, el autor, por construir un protagonista al que la crítica (y la contratapa del libro) coincide en describir como “entrañable”; aunque yo lo calificaría, más bien, como cercano y de fácil identificación.
En consecuencia, Martínez Reverte también posee la meritoria la capacidad de idear coherentemente una historia que alterna delirantes secuencias de acción, como aquella de la persecución en el metro de Madrid; momentos de suma tensión, como la golpiza que sufre el personaje en la playa; suspenso, como cuando Gálvez va dándose cuenta de que todas las personas con las que se relaciona aparecen sin vida; y de comedia, como todos los encuentros que tiene con Maribel.
Mucho más no se podría decir de esta novela sin exagerar. Y es que comentar que se ha leído “la saga de Gálvez” no impresionará a ningún intelectualoide. Sin embargo, esto no tendría que tener la menor importancia, al menos para los que aún creemos que la literatura debe ser, entre otras cosas, entretenida.
Josué Aguirre Alvarado
*Así lo quise abreviar.
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