viernes 7 de enero de 2011

La prueba de las diez páginas

No es lo mismo leer porque te gusta leer, que leer porque te gusta un libro. A mí me gusta leer, pero hay libros con los que no persisto. Y no me refiero sólo a aquellos títulos de mala factura que suenan en cualquier librería. Me refiero a títulos que todo buen intelectual no dejaría de recomendar como “Rojo y negro”, de Stendhal o “La náusea”, de Sartre.
Yo soy consecuente con mis gustos y no me gusta perder el tiempo ni aburrirme. Como ya lo he dicho hasta el hartazgo, para mí la literatura debe ser, entre otras cosas, entretenida. Y en ese sentido, tengo que decir, me he divertido tanto con “Los viajes de Gulliver” como con “Y de repente un ángel” (si no se entendió, con esto quería aclarar que no discrimino un libro por la época en la que fue escrito).
Yo creo que en nosotros está la decisión*. Si una persona que nunca ha leído un libro entero es obligada a acabarse uno y éste le resulta aburrido y malo, es muy probable que termine odiando la literatura pues, mientras era obligado a tragar el título, sólo pensaba en escupir. Mejor hubiera sido eso. Mejor escupir y picar un bocado de otro plato, buscar un libro de otra especie. Si todos hiciéramos esto, apuesto mil soles a que la literatura se volvería más popular que el cine o la televisión.
Pero va a ser difícil. Siempre tendremos a un profesor, un papá, una mamá, un amigo o un crítico sabelotodo que nos comprometerá a tragarnos un libro porque para él o ella es bueno. Y como la mayor parte de nosotros no tiene una formación crítica, caeremos en el juego, nos ensartamos con libros intragables y le ponemos un rápido fin a nuestra carrera lectora. Por ejemplo, el primer libro que me hicieron leer entero fue “La vida es sueño”. Y fíjense qué ladrillo. Tenía doce años. ¿Alguien cree que me volví un lector apasionado después de eso? A los 19 años acabé mi segundo libro.
Por eso, hoy les quería proponer algo: No lean por obligación. Busquen un libro como si fuese una película o una serie de televisión, escójanlo a gusto. Una vez que lo hayan hecho, ábranlo y lean diez páginas. Sólo diez. Si en esas diez páginas, la obra no los ha cautivado, cierren el libro y busquen otro hasta que encuentren uno ideal. Y si aún tienen dudas, bueno, entonces lean cincuenta, pero no más. Porque no vale la pena perder tanto tiempo pegado a algo que no nos gusta. Yo leí casi doscientas páginas de “Rojo y negro” para darme cuenta de que aquel título no me estaba motivando. Y, lamenté enormemente no haber destinado ese tiempo a otro libro de mayor deleite.
Eso es todo. Lean y sean honestos con ustedes mismos. Que no los obligue nada, ni nadie. Pero por favor, no le quiten a los libros la oportunidad. Dedíquenle sólo diez páginas, un hola y cómo estás.


*No válido para usuarios del plan lector.

1 Comentarios:

Mariana Gikas e Jussara Guimarães dijo...

Sintome menos culpada jaja, por dejar tantos libros los cuales leo una página y no me gustan. Pero le digo que cúando fue leer Vargas Llosa, el de La niña mala, hice eso. Me dijieron que sus primeros libros son los más interesantes. Saludos.